Me has surcado cada centímetro,
dejado ensangrentado cada poro.
Ese espejo que devuelve a cada segundo
la idiotez de una réplica.
Luz de pantalla a las 6
despierta una amarga noche
me sirvo de un teclado para excomulgarme,
una pantalla, por que arde menos.
Y es que el paladín de mi frente cae
condenado al silencio,
a la barbarie del cerrar los labios,
a la tortura de callar.
Cuanto te gusta apuntar sin ganas a la diana
por un desprecio sintético al pacto de polvo.
De lo que propusiste:
El acuerdo de nada.
El contrato de protección al cadáver.
Has llamado al ejército combatiente.
Has proclamado el panfleto de discordia.
Sin darte cuenta que esgrimís con furia tu espada ardiente sobre la carne blanda.
Nunca hubo nada que quemar,
y ahora sin materia querés extinguir.
Dale.
Zales.
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