domingo, 3 de abril de 2011

Esa pregunta tuya.

Expuesta la mueca pesa sobre la habitación
la manipulo con el borde de los dedos
como balazos frescos.

Se me escapa una espina de idiotéz y entonces aprovechás para frotar con violencia tus pupilas dilatadas contra mi lengua.

Callo deseando que el aberrante signo al final de cada interrogación muera a poquitos con las colillas de cigarros.

El humo, sólido por la gravedad súbita y la ceniza arruina más la colcha, la misma desgastada por tanto grito de tierra colonizada.

Y como un camino de mierda sólo se va alargando más la mañana con los sorbos del café sobreendulzado.

Grace Zales
Abril, 2011

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