martes, 2 de agosto de 2011

Odio admitir

Que te extraño
Como el que no despierta desde hace mucho de una eterna pesadilla azul, con hilos de sangre.

Esas que no admito nunca, pero que calan como uñas en los ojos cuando ya no estan, las palabras dulces que sólo vos decís y me escandalizan.

Como me hiere el recuerdo de tu mirada espesa, el único beso dado, los orgasmos que nunca tuvimos, la fijación al tabaco de caja y el ron oscuro, las cátedras en economía marxista que sólo vos atendías despierto.

Y arriba ya no estás, solo esta soledad a medias y yo, aunque sea a unos metros, en tu Buenos Aires soñado, cuanto extraño quererte de nuevo, me hiere que quiero que nos queramos alguna vez, y arrancarme estos ojos, que no me permitieron acompañarte nunca.

Odio admitir que le quierto pegar un cozco a la tonta niñita que te negó el poder concretar el deseo, de sentirse tu compañera.

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